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PRESENTACIÓN CARPETA Nº 5:
Nada más apartado, por lo menos en principio, de nuestra intención que contribuir a esa inflación del nombre propio en la que hace su agosto la Cultura contemporánea. Nada más lejos también de nuestro propósito que el enarbolar o proponer, en cualquiera de sus formas, autores de doctrina o a doctrina ninguna de ninguna especie, y menos –claro está– en este caso de Heidegger. Y nada más distante por último, en esta ocasión concreta, que la de terciar o abultar la ya abultada cuestión, roma, zopenca y baladí, de las relaciones del pensador alemán con el nacional socialismo. Qué pretendemos entonces –se dirá algún lector– con esta propuesta en torno y a partir de Heidegger.Este tramo de la vida de los hombres en que vivimos, en que han comparecido nuestras biografías, se caracteriza para la mayor parte por una pérdida de valores y de sentido, vivida sin embargo sin la conciencia de esa pérdida, sin nostalgia, vivida aparentemente como el mejor de los mundos, o por lo menos, funcionando públicamente la mayor parte como si así fuera. Ese mundo que parece ser el mejor de los mundos, ese mundo de Jauja, es el mundo del Dinero y el Poder planetarios, el mundo en el que estas instancias se han impuesto como el único sentido y significado de las cosas. Frente a quien ha encontrado mejor o peor acomodo, pero acomodo al fin, en esa pérdida de sentido que ha embestido a Occidente, frente a quien se ha adaptado en el nihilismo de Occidente, a algunos pocos o, tal vez, a alguna parte que no se sabe de algunos muchos, no nos acaba de llegar la camisa al cuello. No las tenemos todas con nosotros o no acabamos de aceptarnos o contentarnos en esa carencia. De entre quienes no están satisfechos, de entre quienes se ven como víctimas de la falta de sentido, de la falta de justicia o de vida posible, tradicionalmente siempre han surgido a lo largo de la historia quienes han allegado esfuerzos y articulado medios y procedimientos para revocar, de forma drástica y radical o progresiva y moderada, esa falta de sentido, de justicia o de vida. Sin embargo, ese allegar esfuerzos y articular medios en vistas a un fin, esas técnicas, han demostrado ser muchas veces peor que la enfermedad y las aberraciones de esas voluntades constelan de miseria la historia humana. Porque, al fin y al cabo, esos esfuerzos eran esfuerzos técnicos, íntimamente vinculados e identificados con la esencia de la Técnica que gobierna lo que se aspira a derruir, que gobierna Occidente. El pensamiento y el aliento libertarios han introducido un correctivo fundamental: no hay fines distintos de los medios, no hay más que medios, no hay nada que se haga para algo distinto de sí mismo. Todo este panorama de caminos interrumpidos, de caminos que no llevan a ninguna parte, esa ninguna parte, ese no llevar a ninguna parte, ese no poder atravesar el límite, el límite mismo, la esencia de la Técnica y el nihilismo que determinan el mundo contemporáneo, es lo que Heidegger, entre otras cosas, ha pensado lúcida, fría, radicalmente. En y desde la aberración totalitaria, en y desde el limite del pensamiento occidental, ha descrito las bases y los mecanismos no sólo del nacionalsocialismo o del totalitarismo, sino de cualquier sistema, de ese totalitarismo del Mercado y el Dinero que deja chiquito a cualquier otro sistema, a cualquier violencia. Esta "Carpeta", cuyas contribuciones hemos recabado como siempre con todo nuestro empeño allí donde hemos creído ver, en el panorama internacional, las mejores razones y los pensamientos de mayor interés, sigue y ahonda por lo tanto en la línea fundamental que ha determinado la creación de Archipiélago: la propuesta de materiales de reflexión que contribuyan a desentrañar y denunciar radicalmente los mecanismos y fundamentos del Sistema de Occidente, del sistema regido por el disparadero de la voluntad de poder, la voluntad de Estado o Capital o el monopolio totalitario del Aparato científico-tecnológico. Materiales para el pensamiento, para la reflexión en profundidad de lo que somos y de dónde estamos, no para encontrar recetas seguramente o prescripciones, cuanto para contribuir a plantear mejor las cuestiones. Porque el planteamiento es a lo mejor el solo nombre de la solución. En este sentido de poco puede valer tal vez buscar indicaciones positivas en el pensamiento de Heidegger, sino que se trataría más bien de recoger esa radicalidad de los planteamientos, de los fundamentos que están, querámoslo o no, en la base de todo lo que hacemos, sentimos o queremos. De extraordinaria utilidad es sin duda esa trampa, pareja a la par que polémica, de los grandes pensamientos contemporáneos después de Nietzsche, cuya encrucijada arroja tanta luz para tantas cosas. Nos referimos al propio Nietzsche y a Heidegger, Wittgenstein, Foucault, Severino y García Calvo. La dificultad del lenguaje heideggeriano que, en el final de la metafísica, conlleva las condiciones diferenciales de su propia interpretación, y la incomodidad de una prosa rasposa, áspera, farragosa, plagada de neologismos, de etimologías exasperantes, de prolijas indicaciones sobre el camino por donde "no va la cosa" y del constante recurso –que más de una vez se antoja mera retórica– a la esencia, lo auténtico o lo verdadero, hace, entre otras cosas, que su lectura no se presente de forma muy atractiva, como señala en su artículo Antonio Escohotado. El autor de Historia de las drogas (reseñado en nuestro anterior número) y De physis a polis (evolución del pensamiento desde Tales a Sócrates) pasa revista a alguno de los grandes temas del pensador alemán, desde el ser-ahí (Dasein), donde el ahí es el mundo que niega y realiza a la vez la dimensión del ser del hombre, y la autenticidad frente al hombre inauténtico que se adhiere a lo gregario y desvirtúa el lenguaje, el deseo y el ánimo (temas del denominado primer Heidegger, el de Ser y Tiempo, una de las escasas y manejables traducciones con que cuenta el lector en castellano), hasta el criterio sobre la verdad como des-ocultación, internándose al final en ese "último Heidegger" que constituye su etapa más mística A esta última etapa, entre otras cosas, también se refiere Miguel Morey. El autor de Lectura de Foucault o del reciente Psiquemáquinas se pregunta si pensar, si existir, es lo que ha llevado verdaderamente a cabo en Occidente desde Platón, es decir, si es el calculo que permite al hombre apoderarse del mundo, llenarlo con su voluntad de dominación, al precio evidente en nuestras sociedades de nuestra propia existencia, al precio de un proceso de degradación de la verdad que ha llegado a una situación ternual, o bien es, en una línea que corre pareja en Heidegger y en algunos textos orientales, abandonarse a la utilidad y la necesidad del no hacer para aprender a esperar. Sobre el ámbito del lenguaje y de lo inefable, de los limites de la poesía y la filosofía habla también Morey y el filósofo italiano Giorgio Agamben en El silencio de las palabras, una reflexión sobre Heidegger y la escritora alemana Ingeborg Bachmanny sobre la utopía del lenguaje como su exclusivo y mudo tener lugar. En pocas colaboraciones deja de señalarse la asombrosa lucidez y anticipación que la anatomía heideggeriana presenta de nuestras sociedades avanzadas, descripciones por lo demás que, si por una parte son puntos de partida, lo son ciertamente en tanto que naufragio y no como resultado positivo alguno, según declara Massimo Cacciari en la entrevista ¿Puede el hombre asumir la tragedia de ser hombre? Cacciari habla también del abandono heideggeriano, de una más alta expresión de la voluntad de poder que fuera una noluntas, un dejar de ser, de hacer, en el que coinciden casi todas las interpretaciones y propuestas de esta "Carpeta", una espera. De Una verdad sin garantías bien se podría decir que constituye una apasionante conversación –por la mucha carne puesta en el asador y por los muchos estímulos que en ella podemos encontrar– entre Félix de Azúa (de quien es difícil cansarse de recomendar obras, por ejemplo, como La historia de un idiota o El aprendizaje de la decepción) y Ferrán Lobo, inusitado resabio de lucidez y resistencia frente a la mercantilización del Nombre Propio y la Cultura. Con acuerdos y discrepancias que contribuyen a trazar el panorama de la complejidad y la radicalidad del pensamiento y la lectura de Heidegger, pasan revista a las nociones del nihilismo y a nuestra caracterización como historia y realidad del nihilismo, a la pérdida de sentido de Occidente, la noción de verdad, las posibilidades de salvación o las búsquedas de sentido que se centran en el deseo del advenimiento del reino de la justicia en la historia. Se trata más bien de "salvaguardar que de conseguir el reino de Dios y su Justicia" dice Ferrán Lobo con Heidegger, y pone en guardia sobre la terrible drasticidad de su sentido de la verdad y sobre los peligros que acechan al abandono de los carriles de la Ilustración. Azúa puntualiza la reinterpretación heideggeriana del Superhombre y el nihilismo y señala que el primero es el habitante acomodado al espectáculo de la destrucción de Occidente y los verdaderos nihilistas son los más empeñados en la voluntad de poder, de producir y destruir, los gobernantes, los magnates de la Producción/destrucción y los clientes y acólitos de unos y otros. Emmanuel Severino explica el sentido del ser heideggeriano y, partiendo no obstante de él, lo caracteriza como la mejor formulación, la culminación del error y la violencia de Occidente. La manipulación del hombre no descansa para Severino en la reducción del ser a ente y su olvido, como quiere Heidegger, sino en el devenir. Sólo si creemos que las cosas devienen, si no están arraigadas sino que son proclives a la disponibilidad para un fin distinto de ellas mismas, si están sueltas y desligadas y disponibles a la Técnica, sólo si creemos que eso es así es posible la violencia, la manipulación de las cosas y hombre. Severino enmienda así la plana a Heidegger y habla del ser como eternidad, del error y la locura de Occidente y de la deleznabilidad de la ética. La recepción que la actualidad está mayormente empeñada en reservar a Heidegger estriba, por un lado, en reducir su pensamiento a objeto académico y administración cuasi sacerdotal de su interpretación y, por otro, en sacar literalmente de quicio la cuestión de su vinculación, centrada en la época de su rectorado en Friburgo, con el nacionalsocialismo, de lo que es buena muestra el tratamiento de su figura por los así llamados Medios de Comunicación o la polémica originada por el libro de Víctor Farias. No vamos a entrar en esa polémica (para quien guste de hurgar en ello sin embargo le recomendamos la lectura del nº 48 de la revista francesa Le debat, centrado en esa polémica; de especial interés es el articulo de P. Aubenque "Encore Heidegger et le nazisme"), a pesar de que como es natural se toque el asunto aquí oallá en artículos y conversaciones, normalmente referido a su obra, del mismo modo que en la entrevista realizada en Friburgo con el historiador Bernd Marfin, especialista en aquella época heideggeriana. Es por lo demás significativo el escándalo papanatas ante la tentación totalitaria nacionalsocialista en Heidegger por parte de una cultura como la nuestra que, por lo menos hasta ahora mismo, había ensalzado las "otras" tentaciones totalitarias de buena parte de los intelectuales y pensadores modernos. Nadie ha elevado el grito al cielo porque a Sartre o a Benjamin, por ejemplo, les fascinaran los totalitarismos comunistas, o por lo menos no por ello se ha puesto en entredicho su obra. Esta "Carpeta" de intervenciones, donde el lector podrá aquilatar posturas y opiniones diversas, se completa con un texto de Tomás Ibañez (que invoca la necesidad que embarga a las ideologías emancipadoras fraguadas a lo largo del siglo pasado de vérselas con pensamientos como los de Nietzsche, Foucault o Heidegger y con la puesta en cuestión de la razón ilustrada de donde provienen),con una intervención del escritor alemán Ernest Jünger que Andrés Sánchez Pascual ha seleccionado y traducido como va haciendo con el resto de su obra y con la de Nietzsche, y una selección realizada por Rotraut Fischer y traducida por Pedro Ancochea, que es sin duda una relevante primicia a todos los niveles, político, filosófico y humano, en nuestro país, de la curiosa correspondencia sacada a la luz recientemente entre Heidegger y Elisabeth Blochmann, discípula y amiga judía del gran pensador. Como toda "Carpeta", pasará a constituir en adelante una sección de la revista en la que se irá aportando de vez en cuando nuevo material, tal como la intervención de su también discípula y amiga judía Hanna Arendt en ocasión del 80 cumpleaños del maestro y un artículo de Dominique Janicaud sobre la cuestión de la técnica, para el próximo número. Visita la página de Suscripciones y Pedidos. Suscríbete, suscribe a un amigo o pide la colección completa de la revista. |
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